Vuelve a jugar

VOLVER A JUGAREl pasado mes de abril el programa de televisión Documentos TV emitió el reportaje titulado “Vuelve a jugar” que relataba la experiencia de un grupo de adolescentes consumidores habituales de videojuegos, redes sociales, teléfonos móviles y juegos por ordenador que acudían a un campamento al aire libre que se desarrollaba en un bosque de  Estados Unidos.

El documental explicaba que en Occidente la generación actual de niños y adolescentes consume el 90% de su tiempo en espacios cerrados. Este porcentaje es el más alto de toda la historia, los niños y dolescentes cada vez disfrutan menos del contacto con la naturaleza.

Me llamó mucho la atención el consumo de horas que cada uno de los adolescentes consumía delante de las pantallas que rondaba entre las 5 y más de 15 horas diarias. En algunos casos incluso expresaban que no entendían por qué se les tachaba de desconexión, porque navegando por las redes sociales se conectaban y entablaban relaciones con otras personas.

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Realizaban una prueba a una serie de niños y niñas y les mostraban logos de marcas y la mayoría eran capaces de reconocer todas ellas. Sin embargo, cuando les enseñaban fotografías con distintos tipos de flores fácilmente reconocibles como amapolas o dientes de león, las respuestas eran genéricas, eran capaces de decir que eran flores pero no de identificar el tipo de flores que se trataba.

Tras observar las distintas respuestas de los niños pensé en la gran influencia que la publicidad ejerce sobre ellos y que en realidad las industrias aprovechan ese hecho para orientar sus productos para estos pequeños consumidores de hoy que en el futuro sequirán consumiendo cada vez más y más ocio casero.

Quizá muchos de ellos no hayan ido a ninguna zona con naturaleza silvestre sino que se limitan a ir del colegio a casa y al centro comercial. Viven encerrados y acostumbrados a un ocio que precisa la tecnología para que sea divertido.

La iniciativa del campamento para que este grupo de adolescentes entrase en contacto con la naturaleza y experiementasen por sí mismos que existe un mundo más allá de las pantallas, les hacía darse cuenta de que podían socializar, aprender nuevas cosas y jugar sin un mando.

También reconocían que con las tecnologías se sentían seguros y se encontraban más cómodos. Cuando tras el campamento les proponen realizar una grabación de un ayuno tecnológico los resultados son variados. Algunos directamente no intentaron estar un tiempo sin pantallas, otros duraron a penas unas horas y aquellos que consiguieron estar días, presentaban el síndrome de abstinencia.

Tras ver el documental, mi sensación es que no somos capaces del tiempo que los niños están delante de cualquier tipo de pantalla dejando de lado el contacto con la naturaleza. Nuestra forma de ocio familiar ha cambiado. Cada vez se disfruta más del ocio en espacios cerrados como centros comerciales, centros temáticos o en casa. Los niños y nilñas necesitan descubrir que les rodea y desarrollar habilidades sociales directas sin la necesidad de tener delante una pantalla o en sus manos un mando.

Recomiendo el visionado del documental.